Un buen ejemplo de cómo nos vamos educando en los nuevos lenguajes audiovisual casi sin darnos cuenta es el uso del flashback.
En el cine clásico en blanco y negro, cuando alguien recordaba algo, lo habitual era ver cómo se iba disolviendo la imagen, hasta que era sustituida por la del tiempo que se recordaba. A veces las dos imágenes se encadenaban a través de una especie de neblina o humillo, como sucede en Casablanca cuando Humphrey Bogart recuerda sus días felices en París junto a Ingrid Bergman
El espectador sabía entonces que no es que la película estuviera mal montada, sino que eso era un viaje al pasado.

Luis Buñuel decidió ser más directo cuando en Belle de jour hizo que Catherine Deneuve pisara un escalón de la casa de su infancia y que, al poner el pie en el siguiente escalón, ya no fuera la Severine adulta, sino la niña que había sido.
De todos modos, para ayudar a situarse al espectador ante esa ruptura del código de la época que marcaba claramente las elipsis o flashbacks, Buñuel hizo que se oyera a la madre de la niña gritando “Severine”.
Aún así, muchos espectadores no entendieron qué había sucedido. ¿Dónde se había ido Catherine Deneuve?

En su siguiente película, El discreto encanto de la burguesía, Buñuel y su guionista Jean Claude Carriere se permitieron flashbacks más arriesgados e imprevistos, porque sabía que ahora los espectadores ya eran capaces de entenderlos.
Se trataba de un nuevo código no sólo ya aprendido sino evolucionado. Hoy en día estamos preparados para saltar hacia el pasado (flashback o analepsis) o hacia el futuro (flashforward o prolepsis) en cualquier momento. Actualmente estos saltos los entiende cualquiera, no porque seamos más listos que nuestros abuelos, sino porque hemos sido educados por cientos de películas y series de televisión.
Estamos tan acostumbrados al uso del flashbacks y el flashforward que nos resulta insólito que durante años estuviesen mal vistos en las series de televisión (excepto en las comedias o tramas de humor) y que se desaconsejase su uso, del mismo modo que no gustaban las secuencias oníricas y tampoco la voz en off.
La serie Lost supuso una revolución en las emisiones en canales en abierto (en este caso en ABC), al hacer un uso constante de los flashback, e incluso de los flashforward.
Y lo que es más importante, lo hizo con inteligencia narrativa, al menos hasta que, en sus últimas temporadas, la trama se precipitó en el disparate.
Un ejemplo de buen uso del flashback es el que nos revela que el personaje de John Locke, que camina, salta y corre como un héroe de películas de acción, sin embargo era inválido antes del accidente de avión en la isla y se tenía que mover en una silla de ruedas.
Es un ejemplo de cómo se puede usar un flashback no solo para informarnos o contarnos algo acerca del pasado de un personaje (es como se emplea casi siempre) sino también de manera creativa: para sorprendernos, revelarnos algo que cambia nuestra visión del personaje y, al mismo tiempo, hacer que nos planteemos una pregunta: ¿por qué Locke ahora sí puede caminar?
En el segundo episodio de La maravillosa Miss Maissel también encontramos un flashback que no se limita al mecanismo convencional en la transición entre el presente y el pasado, sino que consigue combinar los dos tiempos mediante la mirada de la protagonista y desplazamientos de cámara que nos trasportan en el tiempo, atrás y adelante, de manera natural, fluida e ingeniosa.
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