• Siete veces

    Una norma clásica decía que la información básica se debe repetir siete veces.

  • No hay que entenderlo todo

    Robert Wilson, el gran director teatral, decía: «Una buena obra debe superar a su creador». No siempre tenemos por qué saber qué significa exactamente lo que hemos escrito. En muchas ocasiones a los autores se les escapan muchos de los sentidos de sus obras. Y eso es bueno.

  • La ilusión perfecta

    Stendhal llamaba ilusión perfecta a aquellos momentos en los que el espectador de una obra de teatro cree por un instante que está viendo la vida misma, en vez de una ficción.

  • El esquema de pasos

    Las verdaderas estructuras de trabajo no son megaestructuras como el paradigma de Field (tres actos y dos puntos de giro) o la pirámide de  Freytag (cinco actos), sino algo parecido a un esquema de pasos. Es decir, la enumeración de las cosas que tienen que suceder en la película para que la trama avance con sentido y para que lo que vamos mostrando vaya interesando a los espectadores. Es una simple enumeración del estilo de: La princesa Leia tiene en su poder los planos secretos de la Estrella de la Muerte, el arma definitiva del malvado Imperio Galáctico. Darth Vader invade la nave de la princesa Leia. La princesa Leia…

  • El deus ex machina de los guionistas

    «Cuando el desenlace de una obra no resultaba fácil y la situación estaba muy embrollada, se utilizaba la máquina para hacer descender a Zeus, quien era capaz de arreglarlo todo en un momento: «Tú te irás con Fulano», «Tú regresarás a tu patria y no tomarás venganza», «Tú heredarás el reino».

  • Dos emociones por el precio de una: la fuerza del contraste

      El contraste se puede emplear de muchas maneras en el mundo audiovisual. A menudo se muestra mediante una música que contradice las imágenes, como en los célebres ejemplos de La naranja mecánica (música de Beethoven o «Cantando bajo la lluvia»), o en la película de Álex de la Iglesia Acción Mutante, cuando asistimos a un banquete de boda que acaba en masacre sin que deje nunca de sonar la alegre canción de Karina «Aires de fiesta». En los casos en los que la música es extradiegética, es decir una banda sonora que no se justifica por las acciones de los personajes, es obvio que estamos ante un efecto narrativo…