
Robert McKee, uno de los teóricos más conocidos en el mundo del guión, dice que no se deben dar normas. Sin embargo, en sus libros y en sus conferencias cualquiera se lleva la impresión de que McKee ofrece una y otra vez normas, de una manera decidida e incluso dogmática.
McKee, en efecto, no parece dejar lugar a la duda, a la excepción, y tan solo en ciertas ocasiones nos ofrece una lista de opciones simple, y quizá simplista, para que elijamos.
Así, por ejemplo, nos permite elegir el género, pero después nos advierte de que debemos ajustarnos a las reglas del género que hemos elegido. Si alguien protesta y dice que no quiere escribir dentro de un género, McKee responde que esa persona está escribiendo en el género del «antigénero».
Si tampoco nos ajustamos a su clasificación de tipos de tramas, entonces es porque estamos escribiendo en «antitrama», que es una de las tres grandes posibles tramas: arquitrama, minitrama, antitrama.
¿Normas? ¿Qué normas?
En la película Adaptation, dirigida por Spike Jonze, los protagonistas de la película son el propio guionista de la película, Charlie Kaufman, y su hermano gemelo Donald, ambos interpretados por Nicholas Cage.
Charlie representa al guionista insobornable, mientras que Donald es el que se vende o se adapta al mundo comercial de Hollywood. La película cuenta las dificultades de Charlie Kaufman para adaptar al cine un ensayo de Susan Orlean, pero también su incapacidad para adaptarse y sobrevivir en el implacable medio de Hollywood. Y precisamente Robert McKee jugará un papel decisivo en ambos problemas.
En esta escena de Adaptation puedes ver el truco que McKee emplea para negar que él ofrezca normas:
McKee, como se ve, ofrece «principios», «cosas que siempre han funcionado».
El juego de McKee consiste, por lo tanto, en atacar las normas y recomendar los principios:
Las normas dicen: «Se debe hacer de esta manera». Sin embargo, los principios se limitan a decir: «Esto funciona… y ha funcionado desde que se recuerda». La diferencia resulta crucial… Quienes cumplen las normas son los escritores ansiosos e inexpertos. Los escritores rebeldes y sin formación las incumplen. Los artistas son los maestros de la forma». (McKee, El guión)
La paradoja de la norma antinormativa de McKee siempre me recuerda aquello que cuenta Paul Watzlawicz, cuando el terapeuta le dice a su paciente: «¡Sé espontáneo!». Si a continuación el paciente se muestra espontáneo, entonces estará siguiendo una orden y su comportamiento ya no será espontáneo.
Del mismo modo, ante el discurso dogmático y sin fisuras que emplea McKee en sus libros y conferencias, queda poco espacio para la excepción, para el matiz, para disentir, ¿cómo vas a discutir principios «que siempre han funcionado«?
En filosofía un principio es aquello que no necesita ser demostrado, algo que se postula sin necesidad de justificación previa. Es decir, que los principios son lo más cercano a un dogma o a una norma. Por eso me parece que McKee debería haber elegido otra palabra para mostrarse antinormativo, por ejemplo, «herramientas», «técnicas», «trucos» o «estrategias».
También es discutible que esos principios funcionen «en cualquier situación».
Porque esos principios, técnicas o herramientas narrativas, son muy diversos, casi infinitos, así que los guionistas o narradores nos vemos obligados a elegir en cada sitiuación cuál usar: hoy empleas una técnica, y no otra, porque es la que mejor te sirve para lo que quieres contar, pero en otra situación, o al enfrentarte a otro guión, quizá decidas emplear la técnica contraria, o recurrir a la excepción en vez de a la norma… o principio.
No porque decidas emplear un principio que ha funcionado desde que se recuerda vas a lograr escribir algo digno de recordar.
Como diría Jesucristo: «No se hizo el guión para las normas, sino las normas para el guión».
En cada situación, ante cada nuevo guión, cuento o novela, es el narrador quien tiene que decidir que técnica o truco narrativo le resulta más útil para provocar el efecto que le interesa provocar en los espectadores o lectores.
En definitiva, no existe una fórmula mágica para saber qué principio o herramienta debo emplear, porque en ciertas circunstancias conviene crear un poco de suspense, mientras que en otra ocasión será más efectiva una sorpresa. Incluso resulta difícil decidir en muchas situaciones qué truco o herramienta emplear, porque las dos o tres que tenemos a mano pueden ofrecernos un buen resultado.

Las paradojas del guionista
Reglas y excepciones en la práctica del guión.
390 páginas (en Casa del Libro)
Se trata la relación entre normas y antinormas, manuales y antimanuales en los primeros capítulos de Las paradojas del guionista: «¿Qué es una norma» y «La norma antinormativa». También en los últimos, especialmente en «Las paradojas y la norma». Todo esfuerzo teórico acaba encontrando normas: «se debe hacer esto», aunque se llamen antinormas o principios. Pero lo que es excepción y lo que es norma depende muchas veces del azar o el gusto del momento y, por eso, normas y excepciones a menudo intercambian sus lugares.
En Las paradojas del guionista también apliqué a la norma antinormativa de McKee aquello que dijo Aristóteles: «Para sostener que no hay que filosofar también hay que filosofar». Porque quienes dicen que no hay que filosofar también están filosofando, aunque sea de una manera muy torpe.
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