
Orson Welles decía:
«Un director básicamente ejerce de público: aporta la mirada que falta en el proceso de hacer una película».
De eso trata este fragmento de mi charla en Aprendemos juntos.
TRANSCRIPCIÓN
DANIEL TUBAU: Yo creo que muchas veces los teóricos de guión, yo tengo cuatro o cinco libros de guión, cometemos el error de que los consejos que damos a los guionistas en realidad son consejos de críticos de cine. Analizamos las películas, vemos el significado que tienen, las analizamos desde un punto de vista psicológico, metafísico, filosófico… Todo eso es muy interesante, pero no te enseña nada sobre el oficio de guion.
El oficio de guion consiste en saber por qué el guionista hace esto y luego hace esto otro. Lo otro es muy interesante, ya digo, pero no es eso lo que te enseña el oficio.
Y yo creo que ahí está la clave un poco en aprender guiones, en pensar en el espectador, que es una cosa que muchas veces se olvida: los guionistas muchas veces nos olvidamos de que hay alguien que va a ver la película.
Muchas veces los directores (yo también soy director) tienen que arreglar algo, porque el guionista no lo ha puesto, y de pronto dicen los directores: «Esto no lo va a entender nadie, tengo que añadir algo de alguna manera para que se entienda».
Pensar en el espectador para mí es importantísimo, porque creo que los guionistas somos mentalistas, somos como esos mentalistas que hacen espectáculos, que leen el pensamiento de los demás y que meten ideas en la cabeza de los demás.
¿Qué hacemos los guionistas? Meter ideas en la cabeza del público. Vamos diciendo ciertas cosas al espectador para llevarle por aquí o por allá, hasta donde nosotros queremos llevarlo. Yo tengo una paradoja que dice: «El espectador debe creer que es libre, pero no debe serlo». Porque si nota que lo están manejando, entonces se rebela también y dice: «No, no, no me digas lo que tengo que pensar».
Tiene que creer que lo piensa él, pero en realidad le estás llevando tú por donde quieres, para darle después la sorpresa y todo lo demás.
En definitiva, yo creo que mirar hacia el espectador es muy importante y que es una cosa que olvidamos muchas veces.
En la escuela de Cuba (EICTV), donde soy profesor, observé una cosa curiosa.
A veces se proyectan películas, cortometrajes de los alumnos, en la sala de cine y ahí vamos todos, los alumnos, los profesores… vemos esos cortometrajes y los profesores no decimos nada, porque es un momento para que disfruten ellos, los que han hecho su cortometraje, y tampoco vamos a estar ahí criticando, ¿no? Pero otros alumnos sí que dicen cosas.
Por ejemplo: «Yo quiero decir una cosa, no entiendo nada de este cortometraje; me estaba gustando mucho, pero claro, al final, cuando él se encuentra con esa mujer y de pronto sale corriendo… Yyo eso no lo entiendo, no le veo el sentido, ¿no?»
Y entonces sale la directora y dice: «Un momento, yo entiendo que te haya pasado eso, pero bueno, es que sucede que este hombre, en su infancia, tuvo una madre muy dominante y tiene un problema con las mujeres maduras. En cuanto hay una mujer mayor, él se siente cohibido y esa es la razón de su reacción al final».
Y el aumno que preguntó dice: » ¿Y eso dónde sale? ¿Dónde sale eso en el cortometraje? No lo he visto en ningún lado»
Nosotros creemos que estamos contando bien las cosas, pero en realidad, no las estamos contando.
Una paradoja que se da tanto en guión como en filosofía es que muchos guionistas y muchos filósofos, como decía Cossío, «creen que son profundos cuando en realidad solamente son confusos».
No hay que confundir el ser confuso con el ser profundo. Dicen: «Es que este es un guión muy profundo».
Pues no, no es un guión profundo, es confuso, nada más. No hay nada de profundidad en ello.
La profundidad muchas veces viene por la sencillez. Son cosas que se entienden: entiendes esto, entiendes lo otro, y poco a poco todo eso va conectándose y dices: «Uau, esto sí ue es un conflicto profundo».
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La famosa cita, que siempre me gusta recordar, que dice aquello de: «Ya que no podemos ser profundos, seamos al menos confusos», siempre la atribuyo a Cossío, pero muchos piensan que es de Eugio D’Ors. Nunca he podido averiguarlo. Es muy posible que la repitieran los dos a menudo.
Naturalmente, este asunto de la importancia del espectador es el tema fundamental de mi libro El espectador es el protagonista.
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