Aprendemos juntos… con Daniel Tubau
Daniel Tubau es filósofo, guionista y profesor, con una trayectoria marcada por la búsqueda de nuevas formas de pensar y crear. Ha escrito diversos libros sobre filosofía y escritura de guiones. Ha trabajado como director y guionista en televisión y combina la práctica narrativa con la reflexión filosófica, defendiendo que cuestionar lo evidente es el primer paso hacia la libertad. Con humor, lucidez y una mirada ecléctica, Tubau propone reconciliar el pensamiento crítico con la creatividad cotidiana.
TRANSCRIPCIÓN DEL VÍDEO
El guión no es una obra de arte, no es una novela: es una técnica que otras personas tienen que leer para convertirlo en película.
Pero a veces hay guiones que también se disfrutan mucho en la lectura, como los de Billy Wilber.
No sé si lo situáis, es el de El apartamento, por ejemplo, y muchísimas películas, por ejemplo La tentación vive arriba, con Marilyn Monroe. Es un grandísimo director, y se suele pensar en él como un director, pero yo lo considero guionista, porque en su tumba pone «writer»… No pone «director». Writer, porque él se consideraba guionista. Él mismo cuenta que se convirtió en director porque estaba harto de que los malos actores y los malos directores le estropeasen los guiones. Y entonces dijo: «Pues lo voy a dirigir yo y ya está, y así no me estropean los guiones».
Wilder recuerda una anécdota, en la que explica que todo esto surgió un poco, porque él y un compañero habían escrito un guión de una película que estaba protagonizada por un actor francés, que se llama Charles Boyer. Y resulta que en esta película Charles Boyer hacía el papel de un emigrante que quería pasar a Estados Unidos. Y entonces, cada vez que iba a la frontera, le decían: «¡A ver los papeles! No, esto no vale, nada, fuera de aquí, usted no puede entrar en Estados Unidos». Y entonces, volvía a una pensión de mala muerte hasta que podía intentar pasar otra vez, y así día tras día. Y estaba tan frustrado y agobiado que Billy Wilder y su compañero escribieron una escena en la que Boyer volvía al hotel y veía que una cucaracha subía por la pared. Entonces, cogía un papel y decía: «¡Alto! ¿Dónde vas? ¡Tienes los papeles! ¡No! ¡Pues no puedes entrar! ¡Fuera!». Y después la cucaracha volvió otra vez y el volvía a rechazarla.
Wilder y su compañero estaban contentísimos de esa escena y decían: ·Ay, qué buena es esaa escena, qué bonita va a quedar!». Toda la frustración tremenda de Boyer en sus intentos de pasar la frontera.
Pero en Hollywood no dejaban que los guionistas entraran en los platós. Estaba prohibido que un guionista entrase en un plató en Hollywood. Así que el día que se iba a hacer esa escena, fueron al comedor a ver qué tal había salido. Y en el comedor, se encontraron al propio Charles Boyer. Le dijeron: «Señor Boyer, señor Boyer, por favor, queremos hacerle una pregunta». Y Boyer dijo: «Bueno, ¿quiénes son ustedes?». Dicen ellos: «Los guionistas, los guionistas de la película». Y responde Boyer: «Ah, bueno, a ver, ¿qué quieren?
Y le preguntaron si habían hecho la escena de la cucaracha que subía por la pared.
-¿Qué escena de cucaracha?
-Sí, que sube la cucaracha y usted la tira para abajo.
-Ah, no, no, la quitamos, hombre. ¿Cómo voy a hablar yo con una cucaracha? Yo soy Charles Boyer, por favor, era ridículo.
Y parece que de ahí vino esa decisión de Wilder: «Pues ahora voy a dirigir mis películas y se acabó».
El oficio de guionista
Yo creo que muchas veces los teóricos de guión (yo tengo cuatro o cinco libros de guión) cometemos el error de que los consejos que damos a los guionistas en realidad son consejos de críticos de cine. Analizamos las películas, vemos el significado que tienen, las analizamos desde un punto de vista psicológico, metafísico, filosófico… Todo eso es muy interesante. pero no te enseña nada sobre el oficio de guión.
El oficio de guión consiste en saber por qué el guionista hace esto y después hace esto otro.
Pensar en el espectador, para mí, es importantísimo. Creo que los guionistas somos mentalistas, somos como esos mentalistas que hacen espectáculos y leen el pensamiento de los demás y les meten ideas en la cabeza. ¿Qué hacemos los guionistas? Meter ideas en la cabeza del público. Vamos diciendo ciertas cosas para llevarle por aquí, por allá, hasta donde nosotros queremos llevarlo.
Yo tengo una paradoja que dice: «El espectador debe creer que es libre, pero no debe serlo».
Tiene que creer que lo piensa él, pero en realidad le estás llevando tú por donde quieres, para darle después la sorpresa y provocarle emociones.
Eso lo hace mi director favorito, que es el maestro de Billy Wilder, precisamente, que es Lubitsch. Ernst Lubitsch es un director alemán que luego trabajó en Estados Unidos.
Lubitsch tiene, por ejemplo, dos películas una es Un ladrón en la alcoba, en la que es un hombre y dos mujeres. El hombre es un ladrón y tiene una compañera ladrona como él. Son ladrones de alta sociedad, roban a los ricos. En un momento dado quieren robar a una rica de París. Y entonces el hombre se va a ver en la disyuntiva de si se va con la ladrona, que es su amor de toda la vida, o si se va a ir con la rica.
Normalmente dices: «Con la ladrona, está muy claro».
Pero no, no está tan claro, porque Lubitsch hace a la rica interesantísima. No es una rica tópica que nos hace pensar: «Bueno, hombre, evidentemente, llévate todo su dinero y vete con la ladrona y a disfrutar la vida». No, porque la rica es tremendamente interesante. Y, bueno, no os digo lo que decide, ¿no? Pero es un verdadero dilema para el espectador.
Pero después hay otra películaen la que sale Gary Cooper, muy joven, guapísimo. Y en esa película es al contrario: es una mujer y dos hombres. En español se llama Una mujer para dos, y en ese caso es una mujer que tiene que elegir entre dos hombres, y los dos le gustan mucho, y los dos le parecen estupendos. Y tenemos el mismo dilema que en la otra película: ¿Qué va a pasar? ¿Se va a ir con este? ¿Se va a ir con el otro?
¿Y cuál es la solución que da Lubitsch, que siempre salía por otro lado?
Se queda con los dos.
Dice: «No tengo por qué elegir, me quedo con los dos, porque me gustan los dos mucho, cada uno tiene su atractivo».
¿Veis cómo siempre hay una manera de buscar una solución? que rompa con lo previsible?
Billy Wilder tenía un letrero en su despacho en el que había una frase solamente. Y esa frase era, «¿Cómo lo haría Lubitsch?» Y entonces, cuando trabajaba, cuando escribía un guión, miraba el cartel y decía, ¿cómo lo haría Lubitsch?… «Esto no es digno de Lubitsch, tengo que trabajar más, tengo que ir más allá».
Y dice Billy Wilder que Lubitsch le enseñó que tú no tienes que decirle al espectador «dos más dos igual a cuatro». Que tú al espectador tienes que decirle: «dos»… y al cabo de un rato, dices: «dos». Y que sea el espectador el que diga: «2 y 2, igual a 4».
Y tú en ese momento ya se lo estás diciendo también.
Eso ahora se atribuye a Pixar. Los de Pixar dicen que se lo han inventado, pero en realidad es de Lubitsch. Lo cuenta Billy Wilder en muchas clases.
ENTREVISTA COMPLETA EN: DANIEL TUBAU, ESCRITOR Y FILÓSOFO: AL CINE CON ARISTÓTELES
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