El deus ex machina de los guionistas

El carro del Sol desciende desde el cielo para rescatar a Medea tras la muerte de sus hijos.

Deus ex machina (latín), o apò mekhanês theós (griego), quiere decir «Dios a través de la máquina». Se refiere a un mecanismo de poleas que en los teatros griegos permitía que un personaje apareciese en el escenario como si descendiese desde las alturas.

 «Cuando el desenlace de una obra no resultaba fácil y la situación estaba muy embrollada, se utilizaba la máquina para hacer descender a Zeus, quien era capaz de arreglarlo todo en un momento: «Tú te irás con Fulano», «Tú regresarás a tu patria y no tomarás venganza», «Tú heredarás el reino». Gracias a la intervención del padre de los dioses, el mundo volvía en un instante a estar ordenado, lo que era un alivio para el autor de la obra, que, de este modo, salía fácilmente de cualquier callejón sin salida narrativo”.
(Las paradojas del guionista)

El deus ex machina en un cine vació (collage de Daniel Tubau)

Aristóteles desaprueba en su Poética el recurso fácil al deus ex machina:

 “El desenlace también debe surgir del argumento mismo, y no depender de un artificio de la escena, como en la Medea”.
                                                         

 En la Medea de Eurípides, en efecto, Apolo salva a Medea de una muerte segura enviándole el carro del Sol, en el que huye.

En esta extraordinaria pintura en un gran jarrón, vemos a Medea lamentándose junto a los cadáveres de sus hijos, mientras llega el carro del Sol. No da la impresión de que ella sea la asesina de los niños, sino que acaba de descubrirlos. Se cuenta que en el la leyenda original, era el pueblo de Corinto quien mataba a los hijos de Medea, pero que los corintios sobornaron a Eurípides para que cambiara el desenlace, hartos de ser llamados “asesinos de niños”.

En definitiva, el deus ex machina era un recurso fácil que no nacía de la trama misma, injustificado, una solución improvisada que no era coherente con lo que se había contado hasta entonces.

En la película Adaptation, dirigida por Spike Jonze y con guión de Charlie Kaufman, el gurú del guión Robert McKee (interpretado por Brian Cox) le explica todo esto al guionista Charlie Kaufman (Nicholas Cage):

«Te contaré un secreto –le dice–. El final hace la película. Gánatelos al final y tendrás un éxito. Puedes tener fallos, problemas… pero gánatelos al final, y tendrás un éxito. Encuentra un final… pero no hagas trampas, y ni se te ocurra utilizar un deus ex machina a última hora. Tus personajes deben cambiar, pero el cambio debe surgir de ellos. Haz eso… y te irá bien».

Hoy en día, la expresión deus ex machina se emplea para referirse a un desenlace que no se deduce de manera lógica de la trama, sino que resulta gratuito: aparece un personaje del que no hemos tenido noticia en toda la película; conocemos en el último instante un dato que lo resuelve todo, una carta misteriosa, un parentesco inesperado… De este modo se consigue un desenlace sorprendente, pero no inevitable, y hay que tener en cuenta que uno de los consejos más interesantes para escribir un buen guión es que su desenlace sea sorprendente pero, al mismo tiempo, inevitable. Es decir, que el espectador se lleve una pequeña o gran sorpresa, pero que, al mismo tiempo exclame: “¡Este es el desenlace que tenía que ser!”.  Es la paradoja número 19 de mi libro Las paradojas del guionista. Aristóteles es quien primero mencionó esta paradoja de lo sorprendente e inevitable:

“Tales incidentes tienen el máximo efecto sobre la mente cuando ocurren de manera inesperada y al mismo tiempo se suceden unos a otros; entonces resultan más maravillosos que si ellos acontecieran por sí mismos o por simple casualidad. En efecto, hasta los hechos ocasionales parecen más asombrosos cuando tienen la semejanza de haber sido realizados a designio; así, por ejemplo, la estatua de Mitis en Argos mató al hombre que había causado la muerte de aquél al caer sobre éste en una ceremonia. Hechos de tal tipo no parecen sucesos casuales. Por eso las fábulas de esa clase resultan necesariamente mejores que las otras.”
(Poética, 1452a)

También Horacio dice en su interesantísima Arte Poética (conocida también como Epístola a los Pisones) que los dioses no deben intervenir para solucionar el desenlace, excepto cuando sea inevitable:

“Un dios nunca intervenga: excepto que el desenlace requiera juez divino”.

En Poderosa Afrodita, una parodia del teatro griego, Woody Allen ofrece un irónico y moderno deus ex machina. Vemos a Linda, una prostituta y actriz porno que quería casarse y llevar una vida normal, pero que ha visto sus sueños rotos al revelar a su novio en qué trabaja. Ahora viaja en su coche sin saber qué va a ser de su vida…

…y entonces dice el narrador (un actor del teatro griego clásico). “En cuanto a Linda, regresaba a su pueblo de Vampaville, frustrada y pensando que la vida no valía la pena, cuando…. ¡a propósito de deus ex machina!”. Y entonces vemos descender un helicóptero, del que saldrá un apuesto joven.

Por otra parte, cuando se usa el deus ex machina se está olvidando una regla que es también una paradoja:

“Nosotros creamos las leyes, pero también estamos sometidos a ellas (Paradoja nº22).”

El guionista o el novelista son el Dios de su creación, pero no deben olvidar que incluso Dios tiene que seguir sus propias leyes. Los filósofos medievales nos recordaron las limitaciones de Dios. Una de ellas es que no puede hacer que lo que ha sucedido no haya sucedido (como mucho puede hacer que todos olvidemos que ha sucedido). Otra es que no puede crear una piedra que él mismo no pueda destruir. O su inverso: que no puede crear una piedra indestructible y después destruirla. Leibniz también decía que Dios estaba sometido a lo que el llamaba el Principio de Razón Suficiente, que se resume en que Dios sólo puede hacer lo mejor.


 

 

En junio de 1958, J.R.R. Tolkien escribe a Forrest J. Ackerman:

«El fracaso de las malas películas consiste, a menudo, precisamente en la exageración y en la intromisión de material impropio, que son consecuencia de no percibir dónde se encuentra el meollo del original. (…) Las Águilas son una ‘máquina’ peligrosa. Las he utilizado con moderación, y ese es el límite absoluto de su credibilidad o su utilidad». (Gracias a Guzmán Urrero por esta interesante observación de Tolkien)

Cuando el guionista decide no seguir las normas del relato que él mismo ha creado y se saca de la chistera una solución injustificada está, en consecuencia, recurriendo a un deus ex machina, quebrantando las reglas que él mismo ha creado. Y en principio no debería recurrir a ello.

Sin embargo, siempre hay excepciones.

En el guión de La vida de Brian (1979), los Monty Python hacen que una nave extraterrestre salve inesperadamente al protagonista cuando éste, al huir de unos legionarios romanos, cae de una torre. Y a nosotros, los espectadores nos parece divertidísimo este deus ex machina (Gracias de nuevo a Guzmán Urrero)

 

 


Aviso

Algunas de las cosas que cuento aquí, también las digo Las paradojas del guionista, pero he cambiado, añadido y corregido algunos detalles. También he dejado de contar aquí muchas cosas que se cuentan allí.

Al revisar el capítulo que dedico a este asunto en Las paradojas del guionista, he descubierto que la cita de sorprendente e inevitable, en la versión de Jean-Claude Carriere, tiene una tremenda errata:

“La mayoría de las narraciones contienen un elemento de sorpresa. Si podemos prever todas las peripecias que componen un argumento, es improbable que el relato mantenga nuestra atención. Por eso las peripecias han de ser inesperadas, pero también sorprendentes.”

En vez de “sorprendentes, debería poner “razonables” o “inevitables”. Espero que el lector advierta este error por el contexto. Por otro lado, no he podido consultar el libro del que tome la cita de la Poética (en principio, la versión editada por Gredos), pero el texto que cito en el libro no parece un texto escrito por Aristóteles, sino una trascripción, o tal vez una aclaración en una nota a pie de página de los editores. Por eso, en esta entrada, he preferido otra traducción más exacta, que he tomado de la versión electrónica de la Universidad de Filosofía Arcis de Santiago de Chile (no se indica el traductor o la edición). Puedes leer el libro entero con este enlace: Poética.

El Arte Poética de Horacio en la traducción de Gerardo Ramos, en: Arte Poética.