¿Por qué nos gustan las historias?

Se considera que existen al menos cinco formas narrativas. Cinco maneras de contar las cosas, de organizar la información. Pero de esas cinco formas hay una que nos gusta mucho más que los demás: contar cuentos, contar historias. Los relatos, el storytelling.

De manera académica, el relato o storytelling recibe el redundante nombre de “forma narrativa… narrativa.”

No se sabe por qué nos gustan tanto las historias (los relatos). Se ha pensado que se debe a la evolución cultural, al aprendizaje de contar historias en las diferentes culturas.

El psicoanalista Carl Gustav Jung, creía que la explicación es que existe un Inconsciente Colectivo de la especie humana.

En ese mundo, que Jung nunca llegó a explicar por qué, dónde o cómo podía existir, se encontrarían los temas y los personajes que más nos interesan. Y por eso, cuando los vemos en una ficción, sentimos empatía y cercanía hacia ellos.

La de Jung es una variante de la Teoría de las Ideas de Platón, según la cual existe un mundo en el que habitan las Ideas, los Arquetipos, los modelos perfectos de todas las cosas que vemos en este mundo terrenal. Platón dice que nuestras almas han habitado en ese Mundo Ideal y que cuando nacemos en realidad morimos: por eso el conocimiento consiste en recordar lo que vimos en el Mundo de las Ideas.

Curiosamente, hubo un autor que anticipó con toda exactitud las ideas de Jung y que. como él, habló de arquetipos. No sé si alguien ha mencionado esta coincidencia o investigado si Jung se inspiró en él o copió su idea. Se trata de uno de los escritores más deliciosos que conozco: Charles Lamb. Él y su hermana Mary adaptaron las obras de Shakespeare como cuentos infantiles, pero Charles habla de los arquetipos en el ensayo Las brujas y otros terrores nocturnos, cuando recuerda un pasaje de la Biblia que le impresionó a los ocho años por la ilustración de la bruja de Endor cuando evoca el fantasma del profeta Samuel ante el rey Saúl:

“Gorgonas, hidras y quimeras horribles (historias de Celaeno y las arpías) se pueden reproducir en sí mismas en el cerebro de la superstición, pero estaban allí antes. Son transcripciones, arquetipos que están en nosotros y son eternos. ¿De qué otra manera estas narraciones, que con los sentidos despiertos sabemos falsas, podrían afectarnos? ¿Acaso concebimos el terror de tales objetos de forma natural, considerándolos en su capacidad de infligirnos un daño corporal? ¡Oh, en absoluto! Estos terrores vienen de más antiguo. Datan de antes del cuerpo..”

Lamb es más concreto que Jung y piensa que estos terrores tienen su origen en nuestra existencia anterior. Incluso parece que se refiere a la especie humana, más que a la reencarnación individual. Hay que tener en cuenta que Lamb no pudo atribuirlo a la evolución de las especies porque escribió esto en 1821, antes de que Charles Darwin hiciera pública la teoría de la evolución. Pero tal vez pensaba en la evolución lamarquiana.

En cuanto a Jung, no cita a Lamb, pero es probable que lo hubiera leído y que se trate de un caso de lo que Freud (tomando la idea de Flournoy) llamaba criptomnesia: recuerdos olvidados que nos vienen a la mente como si fueran ideas que se nos acaban de ocurrir. Es célebre un ejemplo del propio Jung, cuando demostró que un pasaje de Así habló Zaratustra de Nietzsche no era, como él creía, una idea genial que se le había ocurrido, sino un recuerdo de un libro que había leído a los once años.

Jung interpretaba la criptomnesia a su manera mística habitual pero a mí me parece un ejemplo de lo complejo que es nuestro cerebro y de cómo aprendemos a menudo sin ser conscientes ello y, en consecuencia, cómo confundimos recuerdos con creaciones propias. Por eso a menudo advierto a los alumnos en las clases de guión que tengan cuidado cuando son dominados por la inspiración y la intuición y escriben como llevados por la creatividad del momento: a menudo en esos casos la facilidad viene de que no están inventando, sino recordando.

También se dice que nuestra predilección por contar cuentos, frente a las otras formas narrativas, se debe a que es buena para la supervivencia, y que ha sido premiada por la selección natural, como explico en Una mujer sapiens inventa el cine.

Ver también en Diletante: Los arquetipos de Charles Lamb y Terrores infantiles.


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