Lo que de verdad opinan los alumnos

 

La costumbre de añadir recomendaciones, ya sea a un libro, a una película, a obras de teatro o a cursos de guión, seguramente es antiquísima. Valdría la pena  dedicar una pequeña investigación para averiguar quién lo hizo primero. Tal vez fueron los poetas que invocaban a las Musas, porque al decir aquello de “Canta, oh, musa, la cólera de Aquiles, hijo de Peleo…” estaban atribuyendo su poema la inspiración divina.

En el divertido, delicioso y erótico libro chino La alfombrilla de los goces y los rezos, que se publicó hacia 1657, su autor, Li Yu, añade recomendaciones al final de cada capítulo, y tiene el descaro de elogiarse a sí mismo de manera entusiasta, como en este ejemplo del primer capítulo:

“¡Qué incitante parece esta novela! Estoy seguro de que, cuando la acabe, la totalidad del público lector la comprará y la leerá. Quienes quizá no lo hagan serán los puritanos.”

En época de Cervantes, la costumbre de añadir recomendaciones y elogios ya era tan exagerada que todo el Prólogo es una burla de esta tradición, cuando  Miguel de Cervantes cuenta que un buen amigo le dijo que a su libro le faltaba todo lo que debe tener un libro célebre: patrocinios de príncipes, citas de autores clásicos y todo tipo de sonetos, epigramas, elogios y recomendaciones al inicio del volumen.

Así que, ni corto ni perezoso, Cervantes comienza a añadir lo que han dicho de Don Quijote de la Mancha todo tipo de personajes. Y lo hacen en forma de poemas, como el de Urganda la desconocida, personaje de Orlando furioso, el propio Orlando o el caballero Amadís de Gaula con dedicatorias a Don Quijote, o este otro poema de Don Belianís de Grecia:

 Rompí, corté, abollé, y dije y hice
Más que en el orbe caballero andante;
Fui diestro, fui valiente, fui arrogante;
Mil agravios vengué, cien mil deshice.
Más, aunque sobre el cuerno de la luna
Siempre se vio encumbrada mi ventura,
Tus proezas envidio, ¡oh gran Quijote!
Otras dedicatorias son de la señora Oriana a Dulcinea del Toboso, del escudero Gandalín a Sancho Panza, e incluso del caballo Babieca, que mantiene un diálogo con Rocinante con aquellas célebres líneas:
Babieca:         Metafísico estáis
Rocinante:    Es que no como.

En los libros publicados en Estados Unidos las recomendaciones pueden ocupar toda la contraportada e incluso las primeras páginas. No es extraño que exista una  página expresamente dedicada a libros  recomendados por todo tipo de famosos: Most  Recommended  Books.

No me parece esta una mala costumbre al contrario, muchas veces he comprado un libro porque lo recomendaba alguien a quien admiro, o alguien a quien no conocía pero que decía algo sugerente. Por ejemplo, gracias a una recomendación de Bill Gates (que constantemente recomienda libros) descubrí al que probablemente es el mayor experto en las fuentes de energía, Vaclav Smil. Cuando leo un libro que me gusta en el que se mencionan otros libros, apunto todos los que me llaman la atención e intento conseguirlos.

Cuando en la escuela de Los Mundos del Guionista, Ana Aranda, su directora o CEO (“zea ezo lo que zea”, como nos gusta bromear) propuso que mostrásemos algunas de las opiniones de los alumnos, dudé un poco, porque soy algo alérgico al elogio, como saben los alumnos que me han visto huir de brindis y celebraciones, o de la charla final en los cursos de la Escuela de Cuba; pero la idea de que se tratase siempre de opiniones espontáneas me gustó. Nada de pedir a los alumnos frases estupendas o de ponerles en el compromiso de recomendar el curso: todas las opiniones serían reales, surgidas de manera espontánea, cazadas al vuelo, recuperadas de clases grabadas o de correos enviados por ellos. Lo único que les pedimos fue poder hacer pública su opinión y añadir una foto si nos daban permiso.

Estas son algunas de las opiniones de tres alumnos muy queridos, de Brasil, México y Colombia: André, María y Camila. Muchas y muy sinceras gracias a los tres.